Camino de Fisterra

Al Camino de Finisterre se le conoce también como el Epílogo a Fisterra y Muxía o Prolongación Jacobea a Fisterra-Muxía o Prolongación Jacobea a Finisterre. Hablamos de una ruta Jacobea hacia el extremo oeste de Galicia. Caminamos desde la ciudad de Santiago de Compostela y llegamos al cabo de Fisterra, considerado desde época romana y hasta finales del Medievo como el extremo más occidental del mundo conocido, y desde aquí al santuario de A Virxe da Barca en Muxía, donde, según la tradición, la Virgen María se apareció al apóstol Santiago sobre una pequeña barca de piedra.

 

El Camino de Finisterre completo tiene 146 km. Desde Santiago hasta el Faro del Cabo Fisterra hay 86 km. Si vamos desde Compostela a Muxía, hasta el Santuario de A Virxe da Barca son 88 km. Los primeros 59 km son comunes para las dos variantes y se dividen justo al pasar Hospital de Logoso. Queda aproximadamente una etapa desde esta bifurcación hasta Finisterre o Muxía. Después el Camino continúa con una ruta que va siguiendo la Costa da Morte desde el cabo de Fisterra al santuario de A Barca o viceversa, uniendo estas dos poblaciones.

 

Cabe destacar que esta ruta jacobea no se trata de un Camino a Santiago. Es decir, no conseguimos la Compostela al realizar este Camino, sino la Fisterrá o Muxiana, una suerte de Certificado de haber rematado esta variante. En este caso desde la meta se comienza hacia el supuesto punto de salida.

 

¿Y ahora como explicamos esta aparente contradicción: cómo es un camino que comienza en el final? Las raíces precristianas de este Camino llevaban desde mucho antes del fenómeno jacobeo al punto más occidental de la tierra conocida, al lugar donde el sol desaparecía. La Costa da Morte donde finaliza este camino, recibe su reciente nombre, según indican algunos, por ser la línea de costa donde moría el sol.

 

Finisterre era al fin y al cabo el punto donde se abrían todo un abismo de incertidumbre y finalizaba el mundo conocido. Ésto generaba a partes iguales un enorme magnetismo y temor para los antiguos habitantes y para los espíritus viajeros llegados desde el mundo más alejado. En más de una ocasión se ha indicado que en este primigenio viaje precristiano, al final del mundo conocido podría estar el origen ancestral y más pagano del propio Camino de Santiago.

 

De la manera que fuese la Iglesia medieval no ocultó la importante tradición mágico-espiritual del lugar en el universo jacobeo y de hecho la trató de potenciar al menos desde la Alta Edad Media. Así fue como el finis terrae fue introducido en los orígenes de la tradición jacobea. Ya se indica en el Codice Calixtino, que incluye a Fisterra entre los escenarios del traslado a Galicia del cuerpo del Apóstol.

 

De la misma forma se incluye en el mundo jacobeo y cristiano, desde la Edad Media, el cercano montículo marítimo, sagrado y pagano a la vez de A Virxe da Barca en Muxía. Se empieza conociendo este punto como el lugar geográfico más extremo al que llegó el apóstol Santiago mientras predicaba, razón por la que la leyenda dice que se le apareció la Virgen María, que se presentó en medio de una ensoñación sobre una barca de piedra.

La importancia de estos protagonistas y fuerte simbolismo del lugar hizo que el santuario se consolidase como uno de los de más arraigo de toda Galicia, para paganos y creyentes. La Iglesia redondeaba la adaptación al círculo de la complicada conversión al cristianismo del pagano extremo occidental: tras llegar a Santiago, ante el Apóstol, se completaba la peregrinación visitando al Salvador, al que completó la conversión, y a la Virgen.

 

Una gran cantidad de viajeros y peregrinos seguían camino hasta Fisterra y Muxía después de llegados a Compostela, incluso pasado el periodo medieval y ésto constata la fuerte tradición mágica del lugar. Casi todos ellos buscaban el porqué del mito del finis terrae, como muestran los relatos y las tradiciones jacobeas nacidas a lo largo de la Edad Media.

 

Este doble atractivo continúa en la actualidad tan vivo como siempre y es básico para su éxito. El Camino de Finisterre y Muxía es un itinerario jacobeo concurrido y el que tiene más carga de simbolismo y nuevos ritos en muchos casos ajenos a las creencias católicas y que perviven en ambos lugares. El cristianismo no ha logrado (ni en el fondo querido) disfrazar u ocultar todavía los aires paganos de estos ritos extendidos a lo largo del tiempo.

 

La Iglesia actual no reconoce este camino como Ruta Jacobea ya que su meta no está en la Catedral de Santiago. Por eso, como dijimos anteriormente, no otorga la Compostela, que siempre ha sido el certificado oficial de la peregrinación a la catedral compostelana.

 

Casi no existen documentos sobre la peregrinación a Finisterre y Muxía antes del siglo XIV. Sin embargo, se entiende que esta ruta fue una realidad desde la llegada a Santiago de Compostela de los primeros peregrinos extranjeros en el siglo X. La cercana posibilidad geográfica de divisar el final de la tierra conocida invitaba a éstos a continuar su viaje.

 

El Códice Calixtino en el siglo XII enlaza el fin de la Tierra con la tradición jacobea para darles un sentido cristiano a aquellas primeras peregrinaciones. El conocido texto nos dice que los discípulos del Apóstol viajaron al lugar de Dugium buscando el permiso de un mando romano para dar sepultura al cuerpo del Apóstol en Compostela. Está considerada una leyenda y no es posible demostrar lo real de estos hechos.

 

En época medieval surge el santuario del Santo Cristo en Fisterra y se trata de vincular desde el principio con el mítico esfuerzo por cristianizar la zona por parte del apóstol Santiago. A los peregrinos más osados les atrae el hecho de poder postrarse ante el hijo de Dios (el Salvador) tras su llegada a Santiago. Igualmente sucede en el santuario de A Barca que atrae peregrinos desde el principio.

 

A pesar que era complicado llegar hasta la Costa da Morte fueron surgiendo hospitales para atender a los peregrinos y ésto hizo posible su continuidad y a la vez da muestra de su atracción.

 

El veneciano Bartolomeo Fontana en el siglo XVI peregrinando desde Italia tras visitar Fisterra señala, como indica la tradición de la Pedra de Abalar, que los que estuviesen libres de pecado mortal podrán mover con un dedo las piedras del navío de Muxía.

 

Desde finales del siglo XX el Camino de Finisterre – Muxía revive por el gran apoyo de la promoción administrativa y tras los estudios realizados por entidades como AGACS, la Asociación Galega de Amigos do Camiño de Santiago o la asociación comarcal Neria. De esta manera no para la afluencia de peregrinos y llegan caminando de todo el mundo.

 

Como se señala entre otros Antón Pombo en el libro O camiño dos peregrinos á fin do mundo el trayecto de Finisterre – Muxía supone un estímulo especial en el espíritu de muchos peregrinos, “necesitados de esta ‘segunda meta’ para dar un completo sentido a su periplo”. El peregrino necesita cerrar el círculo, dar un final completo a la experiencia del Camino de Santiago

 

El Camino de Finisterre – Muxía comienza oficialmente en el centro de la plaza de O Obradoiro de Santiago de Compostela donde situamos el kilómetro Cero. También se puede salir, como recurso relativamente actual, de la catedral por Azabachería, ya que antiguamente sería entrada de la Catedral, para pasar inmediatamente entre el palacio de Raxoi y el Hostal de los Reyes Católicos, bajando por la Costa do Cristo, a través de la desaparecida puerta de la muralla compostelana del Santo Peregrino o de la Trinidad donde se situó durante años el cementerio de los peregrinos, a los pies del Palacio de Raxoi y con el recuerdo actual de un laberinto vegetal.

 

Caminamos hacia la carballeira de San Lourenzo y el río Sarela dirige nuestros pasos por su lateral. Lo normal es hacer este trayecto al amanecer y de esta manera la silueta de las torres de la catedral se recorta con solo girarnos contra la salida del sol sobre la ciudad.

 

El lugar de Augapesada con un pequeño puente de origen medieval prepara al peregrino para la subida al alto de Mar de Ovellas, desde donde se puede admirar el valle de Amaía. Alcanzamos el precioso lugar de PonteMaceira. Las casas, un restaurante ,el pazo, la capilla y los restos de un par de molinos restaurados se sitúan en las dos orillas del río Tambre, comunicadas por el puente más significativo de este camino de Finisterre.

Los siguientes pasos nos encaminan a Negreira, la mayor población que cruza el peregrino antes de alcanzar la costa en Cee. El pazo fortaleza de O Cotón y la vecina capilla de San Mauro son sus dos característicos monumentos.

 

A partir de este punto la ruta coincide en varias localizaciones del antiguo Camino Real a Fisterra. Así nos lo indica la toponimia de lugares como Camiño Real y Portocamiño. Una característica a destacar de este tramo es la arquitectura popular que ha sobrevivido en muchos núcleos rurales destacando los conjuntos de hórreos destinados a la conservación de los productos del campo.

 

El río Xallas se nos presenta sobre todo en A Ponte Olveira, cuyo puente del siglo XVI adentra al peregrino en tierras del concello de Dumbría. La ruta, que pasa cercana al embalse de A Fervenza sobre el río Xallas, va llegando a su fin cuando alcanza Olveiroa. Aquí, en donde el peregrino suele hacer su segunda pernocta en esta ruta, el peregrino debe decidir sobre el camino a escoger al día siguiente, ya que en el cercano núcleo de Hospital la ruta se divide siguiendo la que lleva a Fisterra o la que conduce a Muxía y al santuario de A Barca.

 

Quien escoja el Camino de Finisterre se sentirá acogido pronto por el santuario de A Nosa Señora das Neves y su popular fuente santa. Desde el alto de O Cruceiro de Armada (247 m) el peregrino puede divisar por primera vez y aunque lejos todavía una preciosa vista del cabo Fisterra. Es para muchos peregrinos un momento emocionante comparable al Monte do Gozo y recomendamos hacer una visual lo más amplia posible para cerciorarnos de todo lo que hemos caminado y la belleza del paisaje que nos rodea.

 

La cabecera de comarca, la villa de Cee, es el primer punto donde el Camino, nuestro camino del Mar, toca el oceano y cuenta con todo tipo de servicios para el peregrino. Vecina surge la población de Corcubión que conserva un bello casco antiguo que refleja en gran medida de la antigua importancia de su puerto, declarado conjunto histórico-artístico.

 

El camino por fin llega a Finisterre después de alinearse por las formaciones dunares anteriores a la larga y agradecida playa de Langosteira, convertida modernamente en lugar de baños rituales para ciertos peregrinos. Sin duda no hay nada como descalzarse y caminar con los pies dentro del agua del mar para relajar y limpiar. Tras pasar el nucleo urbano, la iglesia de Santa María das Areas nos indica el ascenso hasta la punta del cabo.

 

Una vez en el montículo rocoso presidido por el edificio del antiguo faro, reconvertido en un hotel con cafetería, podemos experimentar sin miedo alguno que estamos en un lugar único de Europa, ese confín donde nuestros ancestros veían el fin del mundo y donde hoy otros renacen al ver el inicio de otro nuevo. Nada como un atardecer desde las rocas al pie del faro para recargar las pilas internas. Os lo aseguramos!!

 

La distancia que separa el cabo Finisterre del santuario de A Barca en Muxía es de algo más de 30 km. Se inicia el camino pasando por la parroquia de San Martiño de Duio, relacionada con leyendas jacobeas de la traslación del cuerpo del Apostol, y continuamos por la espectacular costa de Lires, donde si tenemos tiempo recomendamos hacer parada ya que tiene una de las mejores puestas de sol de la zona y todos los servicios en una acogedora playa.

Nos acompañaran en nuestro camino singulares ejemplos de arquitectura tradicional y notables iglesias de origen románico. Ya en Muxía, el santuario de A Nosa Señora da Barca nos dará un espectacular fin de etapa. Os recomendamos que os sentéis a divisar desde el monumento de A Ferida, en negro recuerdo del naufragio del Prestige. Después os debéis acercar a cumplir con los rituales de las pedras milagreiras  y disfrutar del enlace que vais a sentir con el mar a través de las olas y el sonido que provocan contra las rocas.

 

A los que decidan seguir desde Hospital de Logoso hacia Muxía les aguardan 28 km. En su caminar se encontrarán con lugares como San Martiño de Ozón, con uno de los hórreos más largos y antiguos de Galicia, y la iglesia del desaparecido monasterio de San Xulián de Moraime, de gran interés arquitectónico y por su pintura mural.

 

Al Santuario se llega bordeando el monte Corpiño, por el Camiño da Pel (piel) donde se hallaba una fuente en la que los peregrinos se lavaban como símbolo de purificación después de lo acumulado en el Camino de Finisterre y Muxía antes de entrar en el santuario y como señal de final de una etapa y comienzo de otra… hablamos de la vida.

Si necesitamos completar la información más específicamente sobre etapas, albergues, etc,… podríamos aumentar los datos en la pagina de Camino a Finisterre. Si no tienes tiempo para dedicarle 3 – 4 días más al Camino hasta Finisterre siempre puedes realizar esta excursión desde Santiago de Compostela.